Vacaciones Agosto - Segunda parte
Bueno, despues de aburrir a medio mundo contando como me las arreglé para volver de Inglaterra antes de tiempo, ahora va la segunda parte.Alicia se ofreció a ir conmigo unos días de vacaciones. No sólo eso, sino que se encargó de buscar los sitios ella misma. Yo tenía ganas de ir a Galicia o al Perigord, pero acabamos con el siguiente itinerario : 2 noches en Narbona, 1 noche en Empuriabrava y 2 noches en Barcelona.
Salimos de viaje el viernes a la mañana, en torno a las 9 y media, con cesto de picnic en el asiento de atrás. Habia algo de tráfico por la autopista de los dos mares, o La Pyreneene o como demonios nuestros vecinos de arriba hayan decidido llamarla, pero pasamos por Toulouse sin problemas y sin embotellamientos, y llegamos al peaje de Carcasonne en torno a las 2 y cuarto de la tarde. No habíamos estado dentro de la ciudadela desde que eramos demasiado pequeñas para recordarlo, así que aparcamos (las tarifas del parking público se elevan bastante si pasas de 1 hora ...), nos preparamos un bocadillo y entramos a la ciudad. No tengo palabras ... por un lado está la reconstrucción ( Mr Violet-Le-Duc empleó el cemento de forma muy acertada ), y luego esas masas de gente, esas tiendas con manteles de la Provenza y auténticos chupa-chups de violeta, esos helados ... Junto a las murallas vimos un bar que no tenía mala pinta, y logramos sacarnos una foto frente al castillo sin que apareciera nadie de la convención de los Angeles del Infierno que se estaba congregando. Al salir del parking me di cuenta de que habiamos estado menos de una hora desde el momento en que habíamos pasado el peaje.
Alicia había reservado dos noches en el Etap de Narbona que estaba situado junto al Carrefour. Son hoteles simples, con una cama doble y una litera sobre ella. Baño en la habitación, y tambien puedes tomar un desayuno de cafe, chocolate, zumo, brioche, tostadas, pan, mantequilla y mermelada (el pan suele ser muy bueno). Están limpios, y si tienes la suerte de coincidir en uno de nueva construcción tienen aire acondicionado y habitaciones para minusválidos. Dejamos las cosas, y nos fuimos a Narbona Playa. Se llega por una carretera que cruza la zona alta de las Corbieres, llena de viñedos, rocas calizas, lavanda y unas vistas magníficas sobre el Mediterraneo. Se aparca en la misma playa. Estaba muy limpia, aunque eché en falta las duchas a las que me he ido acostumbrando en España. Estuvimos leyendo un rato y bañandonos, y despues nos dirigimos a Gruissan (un pueblito pesquero con las ruinas de un castillo y un gran puerto deportivo). Ibamos buscando la playa de los Chalets, donde se había rodado "Betty Blue" (soy muy vieja) ... y nos encontramos mirandonos y diciendo ... "¿esto es?". Una playa larga, como todas las de esa zona, y un montón de casitas sobre pilones. Ahora el espacio inferior está siendo aprovechado para hacer garajes, o construir otras habitaciones.
Volvimos al hotel, pasamos por el Carrefour a hacer algunas compras (comida de picnic y un par de botellas de rosado de Côtes de Provence), nos arreglamos en la habitación y nos acercamos a Narbona. Aparcamos el coche junto al mercado, y nos dirigimos a la catedral que está al otro lado del rio. Hay muchos árboles y canales, y puedes alquilar lanchas eléctricas para navegar por ellos. La catedral es enorme, pero está incompleta. Sólo tiene acabado el ábside y algunas columnas de la nave principal, lo que le da una sensación extraña. Asimismo, en la plaza delante del palacio de los Arzobispos, hay unos restos de la calzada romana que venía de España, la Via Domitia. La ciudad estaba enormemente tranquila, con muy poca gente, y era una sensación un poquito extraña.
Al dia siguiente teníamos planes de acercarnos a la playa de Leucate, donde había unos acantilados y unas grandes extensiones de arena, pero amaneció totalmente cubierto y lloviendo sirimiri. De todas formas, metimos las cosas de la playa en el coche, y nos dirigimos hacia el sur siguiendo las carreteras de la costa, pasando por Leucate, Perpignan, Argéles ... Estabamos intentando llegar a un lugar donde brillara un poquito el sol y no lloviera, pero nada de nada. No pudimos parar en Collioure porque no encontramos sitio donde aparcar, así que seguimos hasta la frontera de Port-Bou y en dirección a Port Lligat y Cadaqués. Comimos algo en una calita de Port Lligat, y luego nos acercamos a Cadaqués a tomar un cafe y a pasear por el puerto y las calles estrechas. De allí subimos de camino a Rosas y a la autopista de vuelta a Narbona. Debido a la niebla había momentos en que podríamos estar en cualquier lugar del mundo, incluida Lunada. Estaban de vuelta muchísimos marroquíes, y el viaje fue un poco complicado.
A la vuelta paramos en Perpignan. Ya hacía buen tiempo, y desde luego la ciudad fue bastante mejor de lo que podríamos esperar. Mucho colorido. Mucha gente de compras y en los cafes. Callejeamos arriba y abajo, y hasta vimos una barbería con unos horrendos aparatos de tortura para hacer permanentes allá a principios del siglo XX. A la vuelta en Narbona decidimos ir a cenar a Gruissan, pues nos parecía que estaría bastante más vivo que la ciudad. Nos quedamos en un sitio chiquitito en el pueblo. Ali tomó el menú del día (sopa de pescado, rape a la armoricana y crema catalana) y yo tomé sopa de pescado y ostras gratinadas. Para beber agua con gas y un rosado de las marismas de la zona. Estaba todo muy bueno, y sólo nos costó 31 euros. La crema catalana era hecha en casa, por lo visto. Mientras cenabamos en la terraza, muy recogidita, apareció un montón de gente montada en bicicletas de 4 personas. Por lo visto era la despedida de soltera de una chica del pueblo, e iba vendiendo caramelos a todo el que se encontraba. Despues de comer fuimos a pasear por el puerto deportivo ... y uno de los bares, lleno de sillitas de paja y cócteles con sombrillita, atronaba la noche con heavy-metal a tope.
El domingo amaneció estupendo, lleno de sol, así que decidimos pasarlo en Leucate, en la playa, y ya llegariamos al hotel a la tarde. Nos bañamos, tomamos el sol, dimos un paseito hasta el acantilado e hicimos picnic allí en la play. Un día muy completo. Tardamos poco más de una hora en llegar a Empuriabrava, y ... bueno, el hotel tenía una piscina muy decente, estaba lejos de la playa pero estaba bien de precio, era totalmente surrealista, con forma de castillo (de ahí el nombre Castell Blanch), el aire acondicionado no funcionaba, España había ganado al baloncesto, la habitación daba a una terraza que tenia una escalera que bajaba a la calle, y la pared de la puerta era de cristal y daba a un atrio donde estaba la recepción. Extraño, muy extraño. Pero nos bañamos en la piscina un buen rato.
Fuimos a las ruinas de Ampurias, y cerraban a las 8 de la tarde, así que vimos una superboda ibicenca en la playa que daban ganas de aplaudir para ver si nos invitaban a algun mojito. Y despues seguimos por carreteras secundarias (que ahora están inundadas, como pasa habitualmente en esta época por esa zona) hasta Begur, donde estaban celebrando el festival de los indianos y todo el mundo estaba vestido de cubano. El pueblo parecía bonito a esas horas de la noche. A la vuelta nos quedamos a cenar en Empuriabrava, en el único restaurante no alemán o sin la televisión alemana atronando, e intentaron cobrarnos de más por unas pobres almejas y unas pobres navajas ...
El lunes por la mañana fuimos a visitar las ruinas de Ampurias. Es muy barato, 2,40 euros por persona, y además una vez acabada la visita se puede dejar el coche en el parking y bajar por dos horas a la playa, que está allí mismo. El espacio es muy grande y está bastante bien organizado. Tuvimos suerte porque era un día despejado, y el mar brillaba al fondo. Luego, lo de poder bajar a la playa es un plus estupendo. Hay duchas, un chiringuito por si se quiere tomar algo ...
Salimos de allí en torno a las 2 de la tarde, y para las 4 ya estabamos en Barcelona, en los apartamentos. Hay un garaje junto a ellos, y un Mercadona bastante grande. Te hacen un precio especial, pero tienes que pedir que te sellen el ticket del parking. Esa tarde dimos una vuelta por Barcelona, hicimos algunas compras, y al atardecer nos acercamos hasta la playa.
El día siguiente visitamos el Palau de la Música Catalana (si los que cantan en la presentación son el Orfeón Catalán, no son especialmente buenos), muy elaborado y más pequeño de lo que me esperaba. Tambien fuimos a la catedral (el de la entrada debe estar confabulado con las gitanas que venden chales, pues echaba gente atrás por llevar tirantes. No sé como nos libramos) y al mercado (compramos zumo y piña). Despues, nos fuimos a la playa de la Barceloneta, que estaba un poquito sucia, pese a los avisos y a los carteles de Mariscal. Comimos allí (ensalada de rucola y pera, ensalada mixta y fritura variada), y luego cambiamos de playa, a Marabella, justo al lado de la zona nudista, pero el agua y la arena estaban infinitamente mejores. Ya tarde fuimos a buscar unos posters por el Barrio Gótico y a tratar de averiguar si el Macba estaba abierto o no (no llegamos a enterarnos). Alicia salió a la noche con unos compañeros suyos, y yo me quedé leyendo.
El miercoles era día de vuelta, pero aprovechamos por la mañana a dar un paseo, tomar un cafe en Starbucks, andar como perritos tratando de llegar a Santa Maria del Mar, rendirnos, y encaminarnos a la super A2 para volver a Bilbao. Poquisímo tráfico en la A68 desde Zaragoza, excepto un coche que iba dando tumbos de lado a lado. Así que para las 8 y media de la tarde ya estabamos en los embotellamientos de nuestro querido barrio de Santutxu.


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